Un experimento en completa oscuridad
Cinco hombres sanos se sentaron en una sala hermética a la luz, y cada tres horas los fotografiaba una cámara con un sensor CCD fuertemente refrigerado. La refrigeración reduce el ruido, de modo que el sensor puede captar incluso fotones individuales. En las imágenes se veía que la cara era lo que más brillaba, sobre todo las mejillas y la frente, y que el brillo subía y bajaba de forma regular a lo largo del día.
Por qué brillamos
La luz surge de reacciones químicas en las células. Al quemar nutrientes se producen especies reactivas de oxígeno, que reaccionan con grasas y proteínas. Algunas de las moléculas resultantes se desprenden del exceso de energía emitiendo un fotón. Los científicos llaman a esto emisión ultradébil de fotones. Unos experimentos de 2025 mostraron que los ratones vivos emiten más fotones de este tipo que los muertos.
La luz que ve una cámara térmica
Irradiamos mucha más energía en forma de calor. Un cuerpo a una temperatura de unos 37 °C brilla sobre todo en el infrarrojo, con una longitud de onda de unos 10 micrómetros. El ojo no lo ve, pero una cámara térmica sí, por lo que puede localizar a una persona en la oscuridad o entre humo. Las cámaras de seguridad con visión nocturna suelen usar otro truco: se iluminan ellas mismas con LED infrarrojos.
La relación con la tecnología
Captar una luz tan débil lo hicieron posible los sensores CCD. Se basan en el efecto fotoeléctrico que explicó Albert Einstein, y el primero en usarlos en una cámara digital fue Steven Sasson. Un sensor parecido, aunque mucho menos sensible, lo tiene usted en la cámara del móvil.