Un sonido que tarda en llegar
El sonido viaja por el aire a unos 343 metros por segundo, casi un millón de veces más lento que la luz. Un espectador a 170 metros del escenario oiría al cantante medio segundo después de verlo en la pantalla. Por eso los grandes festivales instalan torres de retardo con altavoces adicionales, que reproducen el sonido con el retraso justo para que el del escenario y el de la torre lleguen al público al mismo tiempo.
Altavoces en fila y auriculares en el oído
Los sistemas line array colgados apilan decenas de altavoces uno sobre otro y forman juntos un haz de sonido estrecho. Así el sonido llega lejos sin ensordecer a las primeras filas. En vez de los monitores de suelo, los músicos llevan ahora monitores in-ear, pequeños auriculares hechos a medida con los que escuchan su propia mezcla. Los micrófonos y auriculares inalámbricos necesitan frecuencias asignadas para no interferirse entre sí.
El público como pantalla
En la gira de Coldplay de 2012, cada espectador recibió una pulsera Xyloband con LED que se encendía al ritmo de la música mediante una señal de radio. Las pulseras PixMob actuales funcionan de forma parecida, controladas por luz infrarroja desde el escenario, de modo que todo un estadio puede dibujar patrones. Los drones, por su parte, sustituyen a los fuegos artificiales con imágenes de luz en el cielo.
La Sphere y la ABBA digital
En Las Vegas se abrió en 2023 la sala esférica Sphere, con una pantalla LED interior de resolución 16K y un sistema de sonido con más de 160 000 altavoces. En Londres, desde 2022, en los conciertos de ABBA Voyage actúan versiones digitales de los miembros del grupo, creadas grabando el movimiento de los músicos reales y mediante gráficos por ordenador.