El viaje a los planetas
Voyager 1 sobrevoló Júpiter (1979) y Saturno (1980) y envió las primeras imágenes detalladas de sus lunas. Después continuó su camino fuera del sistema solar. En 1990, a petición del astrónomo Carl Sagan, se giró y fotografió la Tierra desde una distancia de unos 6 000 millones de kilómetros. Así nació la famosa fotografía conocida como el Punto Azul Pálido.
Tecnología de los años setenta
La sonda tiene ordenadores con una memoria de unos 70 kilobytes, menos que una sola foto de un móvil. Su energía procede de un generador radioisotópico cuya potencia baja un poco cada año, por lo que los ingenieros van apagando instrumentos y calefactores para compensarlo. El transmisor tiene una potencia de unos 23 vatios, como una bombilla débil, pero las enormes antenas de la red Deep Space Network todavía lo captan.
Una reparación a distancia
A finales de 2023, Voyager empezó a enviar datos sin sentido. Los ingenieros descubrieron que se había estropeado un chip de la memoria, y en 2024 modificaron el programa para esquivar el punto defectuoso. Cada orden tardaba en llegar a la sonda a la velocidad de la luz más de 22 horas, y la respuesta tardaba otro tanto.
El disco de oro
A bordo lleva un disco chapado en oro con sonidos e imágenes de la Tierra, saludos en 55 idiomas y música que va de Bach a Chuck Berry. Está pensado para posibles extraterrestres que algún día encuentren la sonda.